Etiquetas

, , , , , , , ,

A menudo escucho variados discursos sobre los motivos que justifican la existencia del ser humano. Algunos se basan en un estar en el mundo cumpliendo con los deberes impuestos socialmente, otros buscan un sentido más espiritual de la existencia.

Encontrar sentido a la vida puede ser difícil, según las circunstancias. Incluso, podemos considerar que ese sentido no es más que pasar por la vida lo mejor posible mientras sorteamos los obstáculos que vamos encontrando.

Creer que tenemos una misión en la vida que está más allá de nosotros mismos, puede sonar tan engreído como creer que somos individuos con total libertad sobre nuestro destino, o que los humanos contamos con un ser superior que decide cualquier cosa que suceda en la galaxia. No voy a entrar en discusión sobre la viabilidad de unas u otras tesis, o la combinación de ellas. Tan sólo quiero apuntar una posibilidad que nos puede hacer más fácil la toma de decisiones.

Tal vez, encontrar esa misión o propósito es más sencillo de lo que parece y baste con tomar consciencia de nuestras virtudes y potenciarlas. En ese caso, las preguntas que nos van a ayudar son: ¿Qué hago bien? ¿Qué me es fácil? ¿Cómo me siento más feliz? ¿Con qué pierdo la noción del tiempo? Si la respuesta a las preguntas es la misma, es posible que ya tengamos un camino a seguir. De no tener la misma respuesta en cada una de ellas, iremos especificando y concretando hasta dar con el nexo. Los valores asociados a cada respuesta nos guiarán.

Tener como estrella polar nuestra mayor virtud, aquello que nos hace fluir y que impulsa nuestros pensamientos y acciones, nos puede ayudar a ser más felices y a contagiar esta felicidad. Y, tal vez, a darle sentido a la vida.

image

Anuncios