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Enfrentarse a una pérdida, a un malestar, a situaciones no deseadas… puede producirnos sufrimiento físico y mental. En algunas ocasiones, cuando nos encontramos con cosas que nos duelen, nos distraemos con otras que nos agradan: salir con los amigos, ir de compras, hacer deporte…
 

¿Qué conseguimos al distraernos? Si utilizamos el elemento complaciente como válvula de escape, nos ayuda a mantener momentáneamente nuestra entereza y a seguir adelante. Pero si mantenemos la distracción o suplantación emocional, podemos hacer que el sufrimiento se enquiste sin darnos cuenta. Con esta huida emocional, estamos privándonos de ser coherentes con lo que nos sucede. Tapamos una emoción con otra y acallamos los pensamientos tristes o rabiosos. De esta manera no dejamos que la tristeza nos ayude a recogernos en soledad para recuperar las fuerzas, ni que la rabia nos muestre una nueva solución o camino.


¿Qué sucede si con esas distracciones no nos permitimos elaborar el duelo o el desapego? Si no damos permiso al malestar, tampoco nos permitimos transitarlo. Toda emoción tiene una función: aprender a vivirla es aprender a utilizarla para nuestro beneficio. Cuando vamos poniendo parches sobre el dolor, este, sin darnos cuenta, va haciéndose más hondo. Podemos no ser conscientes, pero cada vez tendremos que emplearnos más a fondo para distraer esa angustia o sensación; en cada movimiento tendremos que ir añadiendo más y más ingredientes para dejar de sentir lo que no queremos sentir. Incluso nuestro cuerpo irá emitiendo señales de alarma para pedirnos atención.


¿Cómo frenar esta espiral de sobrepuestos? Unos momentos de soledad y de toma de contacto con el cuerpo, escuchando las tensiones y dolores físicos, nos pueden acercar a los dolores emocionales no digeridos. Sincerarnos con nosotros mismos, sin condescendencia ni complacencia, nos ayudará a ver lo que hay. Cuando reconocemos esa emoción dolorosa, le damos espacio para que se expanda hasta desaparecer. No se trata de quedarse anclados a ella, si no de admitir su existencia, sentirla y dejarla marchar.

   

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