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Cada uno de nosotros ha tenido que adaptarse al entorno de la mejor manera posible. Nacimos con todas las posibilidades abiertas al mundo y, la familia, los maestros y los amigos, nos presentaron las dificultades. Para mantenernos en nuestro entorno y apaciguar la necesidad de amor y reconocimiento, construimos un caparazón particular. Así, fuimos aceptando como propia una cierta neurosis del carácter. Con ella nos movemos por el mundo y nos adaptamos al entorno. Pero, con esta neurosis, también sufrimos y hacemos sufrir, si bien nos ha ayudado a llegar dónde estamos. 

Conocer cual es el motor que nos impulsa a sentir, pensar y actuar, nos ayuda a liberarnos de lo que ya no nos sirve. Pero ¿cómo lo podemos averiguar? Reconociendo esa necesidad, como base para actuar. 

Hay diferentes caminos que nos llevan al autoconocimiento, como la meditación o el eneagrama,pero lo más importante es ser sinceros con nosotros y estar dispuestos a aceptar la verdad. 

El resultado puede no agradarnos demasiado; es difícil aceptar que nos movemos impulsados por la ira, el miedo, la envidia… pero es sólo cuando lo aceptamos que estamos preparados para transmutarlo. 

Procuremos que en la búsqueda de nuestra más pura esencia no nos perdamos luchando contra el Ego. A fin de cuentas, esta neurosis ha permitido que haya personas que quieren gustar, que se sienten orgullosas de lo que son, que se enfrentan al miedo, que saben estar en soledad, que se abocan a los otros, que saben ver lo mas divertido de la vida, que no las tira nadie del barco, que son especiales, que realizan tareas perfectas. 

Cambiemos o no nuestro motor, seguimos viviendo en un mundo de seres maravillosos que se adaptan al entorno con lo que tienen y como pueden.

  


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