Etiquetas

, ,

A lo largo de nuestra vida vamos encontrando elementos diversos que producen en nosotros un efecto de rechazo: esa persona que habla a voces, el perro ladrando mientras queremos concentrarnos, la pasta de dientes sin cerrar…multitud de situaciones pueden alterar nuestra tranquilidad.

¿Cómo afrontar esas molestias? Podemos quejarnos, alejarnos, actuar para modificar esos inputs externos o aprender algo sobre nosotros mismos. ¿Sobre nosotros? Pues sí: tal y cómo valoremos esa situación, así nos sentiremos. Si le damos una carga negativa y alimentamos la idea de que nos desagrada, así será. Mientras que, si dejamos de ser la víctima para reconocernos como el protagonista, tenemos en nuestras manos la capacidad de cambiarlo.

El desagrado, nos está informando sobre algo de nuestra historia que aún no hemos solucionado. Si buscamos una reacción diferente, lo más eficaz es averiguar en qué momento particular dimos importancia a esa molestia, o bien, aprendemos a tomar distancia. Si dejamos de sentirnos víctimas de la molestia o portadores de la única verdad, interpretaremos la situación con otra mirada.

¿Cómo hacerlo? Frenando nuestra reacción e incentivando la introspección con abertura.
Una manera de fomentar la toma de conciencia es respondiendo a cuestiones como estas:
-¿Qué me pasa a mí con eso?
-Lo que siento, ¿qué dice de mí?
-¿Qué hace esta persona que yo me prohibo hacerlo?

La tarea no resulta sencilla, aunque la práctica constante nos ayudará a conocernos y facilitará un cambio de perspectiva, incrementando nuestros recursos.

Dar un nuevo enfoque a lo que sucede, estimulará emociones diferentes y relaciones más satisfactorias.

2015/02/img_0620.jpg

Anuncios