Etiquetas

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Nos esforzamos en vivir cargados de etiquetas con las que justificamos muchas de nuestras actuaciones y comportamientos: “soy tímido, por eso no puedo decirle nada”; “soy reactivo, así que no puedo frenar mis malas palabras”; “soy perezoso, por lo que no vale la pena apuntarme al curso”… Puede que no sean más que excusas para ocultar que tenemos miedo a cambiar. O que sean creencias que tenemos sobre nosotros y que nos limitan sin saberlo. Durante muchos años, las hemos utilizado para adaptarnos al mundo. Pero con el tiempo han perdido su beneficio y se han vuelto en contra nuestra.

Hay quien las mantiene escudándose con la típica frase de: “la experiencia me lo ha demostrado”. A lo que replico: cuando empezamos a andar, nos caímos centenares de veces hasta aprender a correr. ¡Eso sí es experiencia!

Imaginemos por un momento que desaparece alguna de esas etiquetas que tanto nos esforzamos en alimentar. ¿Qué cambiaría en nuestra vida?

Modificar algunos comportamientos no es tarea fácil. Requiere de valor, perseverancia y amor a uno mismo:
-Valor para sincerarnos, aceptar lo que no nos gusta y ponernos manos a la obra para cambiar.
-Perseverancia para trabajar cada día el nuevo hábito.
-Amor hacia uno para valorar los pequeños avances, aprender de los retrocesos y seguir convencidos de que podemos.

La nueva manera de relacionarnos con el mundo se adquiere con la repetición del comportamiento deseado. Inicialmente puede parecer una ardua tarea pero gradualmente nos es más cómodo. Cada vez que queramos abandonar, podemos recordar todo lo conseguido desde que aprendimos a andar.

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