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La Navidad dicen que es paz y amor, para muchos es también tristeza, añoranza, soledad, incluso rabia. Puede que estemos enfadados con la familia, con el mundo o con la vida; o que sintamos las ausencias ahora más que nunca. Tal vez tengamos problemas importantes a solucionar y tareas que atender que nos ocupan el tiempo y la mente, impidiendo ver nada más.

Tenemos la opción de tomarnos la vida de otra manera, aunque sea por unos minutos. Nos podemos permitir sonreír y ver lo bonito que nos rodea. Tan solo hace falta admirar una flor, una puesta de sol, un magnífico cielo repleto de mágicas nubes o doradas estrellas. Es posible recargar nuestro corazón con la energía de la naturaleza, con una canción o con la sonrisa de un niño.

¿Cómo dejar a un lado lo que nos pesa? Recuperando la radiante y pura mirada que teníamos cuando éramos niños; esa mirada libre de juicio y cargada de sorpresa. Si abrimos mucho los ojos y observamos a nuestro alrededor mientras sonreímos, lo conseguiremos.

Podemos maravillarnos enfocándonos en las cosas que nos gustan, y agradecer el poderlas ver. Y dejar que la sonrisa nos acompañe al caminar, la compartiremos con los demás y crecerá. Si queremos, es posible notar como, gota a gota, va calando en nuestro interior este espíritu renovado.

Que la magia retorne a todos los corazones la ilusión de la infancia y el valor de la bondad. Que el secreto de la Navidad se descubra ante nosotros irradiando felicidad.

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