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Cuando empezamos una relación de pareja podemos tirarnos de golpe a la piscina o ir con mucha cautela. Sea como sea, si hay ilusión, el vínculo de pareja va tomando forma y se va asentando. Puede que no nos planteemos que va ser para toda la vida, y que tampoco consideremos que mañana ya no estará. Aunque eliminemos de nuestra mente toda expectativa y nos dediquemos a vivir el momento, si llega el final, duele. Y si duele, desarrollamos mecanismos para superar ese dolor.

Los motivos por los que la relación haya acabado pueden parecernos más o menos importantes. Quedarse en la queja, de lo que fue o podía haber sido, sirve de poco. La realidad, a pesar de las razones, es la que es. Hay una ruptura que provoca un cambio en nuestra vida y, desde aquí, tenemos que seguir.

¿Qué hacemos cuando regresamos a nuestra soledad? La respuesta dependerá, en parte, de nuestra individualidad. Si estábamos acostumbrados a hacer actividades con amigos o solos, seguramente nos será más fácil pasar el duelo. Por el contrario, si en su momento dejamos nuestra vida para supeditarla al otro o a la relación, es posible que el golpe nos haga tambalear un buen rato.

Hay duelos que son más costosos de pasar y hay momentos que estamos más sensibles para ello. Lo que no tiene que ver con el amor que llegamos a sentir por el otro. Parece que cuanto más se sufre, más se amó. Eso es cierto para algunos y falso para otros. La capacidad de levantarse no es proporcional a la caída.

Actualmente encontramos páginas, apps, locales… donde conocer nuevas personas con las que construir una nueva perspectiva de vida. La utilidad que le demos a las herramientas que nos ofrece esta sociedad depende de nuestro deseo de cubrir satisfacciones o espacios de soledad. El buen uso, que no abuso, reside en la toma de consciencia de los espacios y experiencias compartidas.

Contactar, conocer, compartir y mantener una mirada lo más objetiva posible nos permitirá respetar nuestra propia individualidad. Respetarnos a nosotros mismos, lo que somos y deseamos, es la clave para ser felices y compartir la felicidad con los demás.

Si no pretendemos ahogar la pena en un serial de relaciones encadenadas y sabemos mantenemos en nuestro centro, podemos cerrar el duelo y volver a estar dispuestos a la verdadera entrada del amor.

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