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Por más que digamos estar viviendo el presente, en reiteradas ocasiones nos posicionamos en otro momento. Así como la queja nos ata al pasado, el deseo nos proyecta hacia el futuro. Por tanto, no nos permitimos estar en el aquí. Incluso la pluriactividad que muchos tenemos, día a día, nos distrae y evita estar conectados con nuestras necesidades más inmediatas.

¿Cómo regresar al aquí y ahora?

Al tomar consciencia de nuestro cuerpo, sensaciones y pensamientos, nos enfocamos en el momento presente.

Podemos empezar por algo tan sencillo como poner atención a nuestra respiración: observamos la temperatura del aire cuando entra por las fosas nasales y cómo se llenan nuestros pulmones para después vaciarse soltando un aire más cálido. También podemos fijarnos en nuestra postura: cómo inclinamos la cabeza, o nos apoyamos más en un pie que en el otro… Y prestar atención a nuestras emociones: si nos sentimos tristes, alegres, temerosos o enfadados. Todos estos elementos nos ayudan a centrarnos en el momento presente.

¿Para qué centrarnos en el presente?

Al enfocarnos en lo que está con nosotros, lo obvio fácilmente percibido, fomentamos nuestra capacidad de observación, de prestar atención a todos los elementos de la experiencia, sin juzgarlos. Al retraernos, observando nuestras sensaciones, nos damos cuenta de nuestro potencial.

Cuando nos damos cuenta de los fenómenos evidentes y les prestamos atención, conseguimos mayor autoconocimiento, mayor libertad de elección, e impulsamos nuestra creatividad.

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