Etiquetas

,

Un tema recurrente sobre la forma de relacionarnos es el de las diferentes maneras de dar la mano y de su firmeza e inclinación como indicadores no verbales del interés o posicionamiento de las personas que se saludan. En el caso del abrazo, la información que se obtiene es mayor.

El abrazo habla de nosotros, de nuestra posición en la vida, de nuestra capacidad para marcar límites, ser flexibles, firmes, protectores, víctimas… Podemos intercambiar emociones, crear conexiones únicas y restablecer vínculos. Nos da información sobre el otro y nos permite tomar consciencia de muchos de nuestros elementos.

Hagamos la prueba:
Te invito a que recuerdes tu último abrazo; mejor si lo puedes dar en este instante. Y deja que vayan apareciendo las respuestas a las siguientes preguntas:

¿Quién se apoya? ¿Quién sostiene? ¿Cómo se aproximan los cuerpos?
¿Dónde están tus pensamientos?
¿Cómo es tu respiración? ¿Cómo sientes la respiración del otro?

Una vez tomada consciencia:
¿En qué ámbitos de tu vida te comportas igual?

Cuando nos abrazamos tenemos la posibilidad de establecer una comunión con el otro. En un abrazo equilibrado, en el que nos acogemos el uno al otro, se puede establecer una comunicación casi espiritual. Como si un corazón reconociera la grandeza del otro corazón, sintiendo la belleza del ser humano.

El abrazo también tiene la capacidad de conectarnos de inmediato con el momento presente, con el aquí y ahora. Algo que, por sí solo, nos libera nuestra mente y relaja el cuerpo. Atendiendo a tantas ventajas, permitámonos sentirlo con todo nuestro ser.

IMG_9459.JPG

Anuncios