Etiquetas

, ,

Se dice que si eres agradecido, atraerás más motivos para seguirlo siendo. Puede que sea cierto y puede que no. La verdadera fuerza del agradecimiento, a mi parecer, radica en aprender a enfocarse en los elementos positivos. Y esa mirada, de por sí, ya cambia nuestro estado de ánimo. Quizás no haga que nos pasen mejores cosas, pero sí seremos más conscientes de las buenas que nos suceden y apreciaremos más lo que nos rodea.

Eso sí, se trata de que sea un verdadero agradecimiento. Tanto nuestro día a día como las personas con las que tratamos, nos brindan continuas oportunidades para ponerlo en práctica. Aunque, ¿cuántas veces al día damos las gracias de forma apresurada, con el automático? Si no se siente, de poco sirve. La gratitud nos enriquece cuando tomamos consciencia de que tras la palabra hay mucho más. Es un “gracias” de reconocimiento, de satisfacción, de felicidad e incluso, de amor.

El agradecimiento nos permite sentir la plenitud de la vida y sus maravillas, observar el mundo con el asombro del niño y la calma del anciano. Nos enfoca en el momento presente y en todo lo valioso que tenemos (vida, comida, amigos, aprendizajes…) Y nos permite ver el día con mejor humor y más humildad, tomando verdadera consciencia de las virtudes que nos rodean.

Un pequeño ejercicio que nos puede ayudar consiste en, cada noche, escribir tres sentidos agradecimientos hacia tres elementos de nuestro día. No hace falta que sean grandes cosas. Precisamente en lo pequeño, lo sencillo, es donde más podemos maravillarnos. Haciendo este rápido ejercicio empezaremos nuestro descanso reparador con una feliz sonrisa. Poco a poco, el despertar también será más alegre y aumentará nuestra autoestima. ¿Lo comprobamos?

IMG_9346.JPG

Anuncios