La dura situación bélica por la que están pasando algunos países no me permite permanecer indiferente ni callar. Lo que sucede hoy toma su fuerza de horrores pasados. No permitamos que la cadena siga.

La historia de los pueblos yace teñida de sangre. Los hermanos luchan por el control de recursos naturales o humanos, matando por sus ideas y sus razones. La memoria de los hijos se corrompe bajo las mantas apolilladas de las víctimas. Sin luz sobre las sombras, la sangre seguirá empapando nuestro oculto recuerdo. Mirar directamente a los ojos de la realidad puede rasgarnos el alma, pero nos impulsará a actuar con el corazón.

No dejemos que desactiven las emociones más nobles con el disfraz del entretenimiento. No permitamos que el mando del televisor nos re-sintonice la realidad mirando a otro lado. La vida necesita valientes despiertos, dispuestos a vencer sus miedos y actuar para los otros.

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