Dicen que venimos solos al mundo y que solos partiremos, pero yo no lo siento así. El día que nací mi madre estaba conmigo, me acompañó y alentó en todo el proceso. El día que muera, madre tierra me acogerá en su seno. Mientras camino por la vida, me nutren las innumerables raíces de donde vengo. Madre, padre, abuelos, bisabuelos viven en mí.

Puedo retirarme en silencio y puedo fantasear con la soledad, puedo creerme desconectada, pero, en esencia, ellos siguen aquí. Mi familia está en mi corazón, mi cuerpo y mi sangre, siempre. Y honro su presencia con una existencia plena.

Cuando acojo con amor mis raíces, aprecio la música que el corazón canta, abriéndome a lo que la vida ofrece. Me libero de las necesidades aparentes y me lleno de fuerza.

Gracias a todas las generaciones de mujeres y hombres, gracias a la vida que se abrió paso para llegar a cada uno de nosotros y gracias a las generaciones venideras en las que seguiremos danzando.

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