Etiquetas

, , , , , , , , , , , ,

Durante un tiempo me sentí intrigada con las proyecciones y expectativas que ponemos o no sobre el otro. Actualmente he retrocedido un paso, hacia el tiempo de reflexión previo. Ese momento en el cual considerar si se quiere o no una relación de pareja y cómo.

Está no es una pregunta que suelan hacerse los adolescentes. Creo que es necesario haber pasado por algún desengaño para poder planteársela.

Para algunos les resultará extraña la posibilidad de una vida voluntariamente sin pareja. Para mi es una opción necesaria para restablecer el equilibrio interno y sanar las heridas.

¿Qué sucede si, tras meses o años desde la última ruptura, no se consigue tener otro vínculo amoroso importante? ¿Qué discurso estamos utilizando como escudo?

Puede que no nos crucemos con la persona “indicada”. Pedimos una quimera a cualquiera que se acerque y le descartamos antes de profundizar. Enjaulamos nuestro corazón en la celda de un miedo disfrazado de perfeccionismo.

O tal vez nos sigamos aferrando a esa última relación que, después de meses o años, aun no hemos olvidado. ¡Que gran ayuda es tener un lazo con el pasado para impedirnos ir hacia el futuro! Así, anclados a lo que no está, no hace falta arriesgar.

Pueden ser nuestros impulsos los que jueguen la partida y espantar “involuntariamente” a todo aquel que se acerque. Como si de un adversario se tratara, tanteamos, noqueamos y observamos su huída.

Otra excusa es la aparente fidelidad familiar. Justificándonos con esa relación de pareja que vimos en nuestros padres. Si fue mala no deseamos repetirla así que no tomamos un verdadero compromiso. Si fue buena, la idealizamos tanto que el exceso de perfeccionismo demandado aniquila toda posibilidad.

¿Cómo salir del bucle? Tal vez, una buena forma sea tomando consciencia de lo que realmente hay. Dejando que la mente se silencie por unos minutos para escuchar más allá de la razón y reconocer las emociones que nos mueven.

Tanto si decidimos apostar por la pareja como por la soltería, podemos tener una vida feliz. Y, seguramente, si permitimos que el tiempo nos cambie de opinión, experimentaremos otra nutritiva felicidad.

A mi parecer, el truco está en liberarse del discurso interior y abrir el corazón a lo que venga.

20140531-194153.jpg

Anuncios