Muchas veces nos limitamos a pasar los días ocupando muestro tiempo y siguiendo la marea. Deseamos que pasen las horas y llegue otro amanecer, otro momento.

Realmente ¿nos hace feliz el televisor, el ganchillo, el Facebook? La medida justa es para cada uno la suya, siempre y cuando se sienta feliz y satisfecho haciendo lo que hace (y una hora después no se arrepienta).

Todos tenemos una invisible fecha de caducidad grabada en la piel. Cada minuto que dejamos pasar es un minuto menos que podemos vivir.

¿Cuánto tiempo dedicamos a matar el aburrimiento? ¿Cuánto a evitar pensar en algo que nos agobia? ¿Para qué nos sirve? ¿Qué conseguimos con ello?

Yo propongo parar un momento, sincerarnos con la persona más importante del mundo, nosotros mismos, y marcar un plan de acción.
¿Empezamos?

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