Un año para recordar

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Este 2020 he aprendido mucho y con demasiadas dificultades como para pretender olvidarlo.

Si miro atrás valoro el año como de constante crecimiento. Tengo costumbre de ver las ganancias así que ha sido positivo.

Si recorro los meses, siento vibrar mi piel con emociones muy dispares, entre ellas, el miedo y la tristeza que me han hecho fuerte. Esta fortaleza llegó al reconocer mi vulnerabilidad y amor a mí, al otro y al todo.

De lo vivido destaco mi capacidad para utilizar recursos que ni yo conocía y de ver algo bello a diario en cualquier situación y lugar. También me quedo maravillada con la flexibilidad y colaboración de gran parte de la sociedad.

La situación que hemos vivido y que seguimos viviendo, para muchos es un impulso para crecer y cooperar, lo que aplaudo y me aplaudo.

El miedo ante la incertidumbre a aparecido casi a diario ya haya sido por salud, trabajo, distanciamiento social… Yo lo he enfrentado respondiendo a una simple pregunta: ante esta situación ¿qué es lo que sí puedo hacer? Y así, cada día, en diferentes circunstancias, utilizo la misma pregunta para dar lo mejor de mí y encontrar nuevas herramientas y oportunidades, siempre des del respeto y el amor.

Ha sido un año con pérdidas dolorosas y también un año de grandes retos y grandes logros que me preparan para seguir creciendo.

Agradecida de seguir adelante, con la mejor sonrisa, acojo lo que el 2021 traiga, deseando que sea todo aquello que tanto he echado de menos. Deseo de abrazos, encuentros, bailes, viajes que sé que irán llegando; mientras, seguiré disfrutando con lo que sí puedo tener, feliz por sentirme viva.